Te enseño mi vuelo para equivocar tu rumbo. Sígueme.

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Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Si, la vida acaba.

Si, la vida acaba
como acaban las plantas
mezcladas con la tierra
húmeda de los jardines
donde jugamos cuando niños.
Aquellos jardines que olían
a tardes donde se mezclaba 
el amor de la siesta
con el perfume de los naranjos
y los arriates de flores 
recién regados
y el candor del agua
sobre las losetas calientes 
mientras mi abuela liaba cigarrillos 
en la mecedora verde.
Mas tarde el olor del jabon de aceite
en la bañera calentada
por la estufa de bronce.
Si la vida acaba
que sea de repente.

Siempre

Guardemos las distancias entre tu cuerpo y el mío
dejemos que corra el aire entre la mentira  y la verdad
que sople un viento que se lleve los vestigios de aquello que pudo ser y no fue.
Sabes igual que yo que no era el momento
pero que fue un suspiro lleno de eternidad.

Que los amores primeros después vuelan y asientan donde ellos quieren
donde el destino propone su voluntad.

Y me preguntas y no se responder
quizá porque no se atinar con las letras
para escribir un frase
que hable de ti.

Siempre.




Paseo

Entre tumbas
Camino
Entre lápidas blancas sin esculpir
Entre flores secas que me miran al pasar
Y me envidian por mi olor
Entre grillos amputados que lloran en silencio
Entre hojas tristes arrastradas por el aliento
De los cadáveres de mis amigos
Camino
Con la mirada perdida en la última luz de la tarde
Entre grises y pulidos mármoles
Que sostienen un recuerdo
Una triste figura en un retrato
Un viento helado entre dos fechas
En una pared encalada y olvidada
Entre tumbas

Camino.

Sé escuchar a los ángeles cantar

Sé escuchar a los ángeles cantar cuando nadie los oye
Y he visto al sacerdote de los supuestos impíos llorar de alegría
Cuando se manifiesta la Verdad.
No existe una oración mas bella que una canción.
Un canto de Luz y de Verdad que despoja el alma de las capas de hollín perverso.
En la honestidad de una reflexión se encuentra el secreto de la felicidad
Cuando nos desprendemos de la  inútil vanidad intelectual.
Seamos dóciles con nosotros mismo
Como el pastor del rebaño de ovejas
Pero no expulsemos el aliento de nuestro pecho sin tener otra bocanada de aire que inspirar.
Sed de agua o de vino.
¿Qué mas da?

Basta con escuchar a los ángeles cantar.

Límites

Mi indignación si tiene límites. Al norte  limita con mi estupidez por dejar que las injusticias lleguen hasta allí tan lejos, adonde nunca debieron llegar. Al este se encuentra la supuesta claridad absurda que me sorprende por las mañanas y me hace creer que las cosas van a mejorar de un día para otro pero que en pocas palabras se diluye “como lágrimas en la lluvia”. Mi disgusto limita al oeste con el miedo a la penumbra de la soledad y la sensación angustiosa que me produce la noche oscura del alma. Y el sur. El límite más atractivo y a la vez más peligroso, adonde me inclinan mis pasiones y sueños. Ese límite lo pongo yo mismo en mi vida.
Mi indignación claro que tiene límites.

Y espero tener fuerzas para no sobrepasarlos y ver que ocurre más allá de los limites de mi indignación.

Soy nada.

Mañana seré otro yo.
Ayer no era el mismo yo que soy hoy.
Hoy yo soy un recuerdo del ayer y mañana soy nada.
Cada vez que lo pienso soy yo y seré otro yo.
Soy un último inútil pensando en mi.
Soy yo. 
Soy nada.


Huyo

Muchas veces pienso que la vida es una huida.
Huyo de los bobos que a mi se acercan con idiotas palabras.
Huyo de los listos que hacen lo mismo pero con palabras idiotas.
Huyo de los botarates religiosos que me quieren salvar antes de tiempo.
Huyo de los filósofos huecos que no piensan lo que dicen.
Huyo de los filósofos sólidos que no dicen lo que piensan.
Huyo de los presumidos, cursis y perfumados.
Huyo de los que leen el periódico de los demás.
Huyo de los estreñidos de vientre y mente.
Huyo de los abstemios de nacimiento.
Huyo de los maleducados que alardean de educación.
Huyo de los cien mil hijos de San Luis, y de sus cien mil padres.
Huyo de fiestas.
Huyo de una ciudad tan cainita y plana como la mía.
Huyo de los púlpitos civiles.
Huyo de los prosélitos engominados.
Huyo de los cofrades atormentados por su insignificancia,
Huyo de los duros ladrillos que sirven de asiento.
Huyo de los cobardes cibernéticos.
Huyo de las bombas de peste.
Huyo de los que matan a inocentes en nombre de dioses.
Huyo de los que matan a inocente en nombre de políticos.
Huyo de los que matan a inocentes en nombre de Dios.
Huyo de las redes asociales.
Huyo de las ciénagas televisivas.
Huyo de las autopistas atestadas de imbéciles como yo.
Huyo de mis enemigos cobardes que me apuñalan por la espalda.
Huyo de mis miedos infantiles.
Huyo de los perros rabiosos.
Huyo de la bruja de la azotea.
Huyo de los déspotas que van de honrados.
Huyo de los falsos.
Huyo de las cenas de los idiotas.
Huyo de las falsas promesas.
Huyo de las palabras dichas por decir.
Huyo de las razones sin razón.
Huyo de las mujeres que me gustan.
Huyo de mis recuerdos tristes.
Huyo de mis maldades favoritas.
Huyo de las cucarachas.
Huyo del futuro.
Huyo.