Te enseño mi vuelo para equivocar tu rumbo. Sígueme.

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Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Abre los ojos.

Esta aceptado universalmente que las personas debemos modificar nuestro aspecto. Casi cada día renovamos nuestro vestuario, nuestra ropa cambia de colores y de texturas, cambiamos de peinado y de color de pelo, de adornos, de reloj y de sombreros. 
Nuestra piel se cambia sola cada día por una un poco mas vieja. Nos arrancamos el pelo con navajas y tijeras y con ellas nos cortamos las uñas. Sacamos con química el bello vello de sus lugares ocultos. 
Nos tatuamos amores y dioses lejanos con tinturas indelebles, nos abrimos orificios prohibidos y nos cerramos heridas con suturas de tripas de animales, nos sacamos la grasa de aquí y la ponemos allí, las prótesis metálicas y de materiales diversos las aceptamos como parte de nuestra biología, hasta cambiamos de cara voluntariamente cada vez que nos miramos un momento al espejo para reconocernos en cualquiera de ellas aunque sea un solo segundo.

Pero nos cuesta la misma vida cambiar de opinión y de razón, de ética, de moral y de filosofía. 
No sabemos aceptar el fluir cambiante de los acontecimientos cotidianos. Y eso que ellos son nuestros guías espirituales, nuestros dioses de andar por casa.
La vida es eso que pasa cada segundo agotándose en su constante cuenta atrás y cambiandonos constantemente.
Un solo instante, un suspiro, un reflejo de luz, un silencio mas estridente, un movimiento imperceptible que para ti no significa lo más mínimo, puede ser para mi una revelación. 
Y entonces debo cambiarlo todo.
Sin dudarlo.
Como ahora.
Abre los ojos y mira.
Y verás.