Te enseño mi vuelo para equivocar tu rumbo. Sígueme.

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Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Preambulo de tormenta

Si mi alma me traiciona no sé que debo hacer. 
(Quiero decir: "si yo traiciono a mi alma").
Si me traiciona mi alma no sé a donde mirar. 
Es un estado de hipnosis sin sueño.
Despavorido a veces quiero despertar.
A veces ocurre en una tragedia incomprensible.
El Horror.
Cuando la mente no entiende la realidad.
Por ser tan abruptamente real.
Porque queremos que lo real se presente poco a poco,
como gotas de lluvias o de sudor
que anuncian la tormenta 
o el calor.
Si el alma (o lo que sea que llevemos entre las meninges y la aorta, el centro de la tierra, la troposfera, la metafísica, la bioquímica, la magia, la santería, el flamenco, el espacio exterior, Stanley Kubrick, los poetas malditos, los ratones, los delfines, las jirafas, los macacos, los devotos de las imágenes con pelo largo natural y otras sectas permitidas) se angustia ante la evidencia no sé que remedio aplicar.
El alma se queja en el sueño. 
Hay que saber descifrar su enigma, su verdad.
A veces un reflejo, un destello, una frase, un recuerdo...
nos hace momentaneamente disfrutar, y por eso
creemos que hemos alcanzado algo parecido a la Verdad.
Si me traiciona mi alma nunca sé a donde mirar.
Pero ya sé que debo hacer, después de escribir esto.
Sigo siendo libre (creo).