Te enseño mi vuelo para equivocar tu rumbo. Sígueme.

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Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Ojos abiertos

Me gusta bucear con los ojos abiertos, bajar unos metros y ver las luces atravesar el agua salada como flechas informativas. A veces distingo un tesoro asomando bajo el lodo del fondo pero no me atrevo a bajar y descubrirlo. No es bueno mover los tesoros de las entrañas de la tierra así porque sí.
Lo mejor es pensar que lo que la vida nos brinda a la luz del día debemos dejarlo reposar unas cuantas jornadas antes de apresurarnos y que aparezca el dueño y nos atribulemos.
Entonces sigo buceando relajado con los ojos como platos y veo un lenguado que se revuelve en la arena de los bajos, pero se que no le gusta que lo moleste y sigo mi camino.
A los peces no les gusta que se les moleste cuando descansan.
Buceo entre las algas del fondo y me encuentro con viejos amigos desaparecidos años atrás, que en estos días mas cálidos bajan del cielo a rastrear almejas finas, rebuscar cañaillas y drizar longuerones.
Los beso con cariño y les doy recuerdos para mis familiares. Me dicen que mis sangres andan felices de cacerías por los montes de nubes y que no paran de enredar.
Yo sigo buceando hasta llegar a las pozas donde barbean las viejas corvinas tranquilas y los mas pendencieros pargos que me ponen malas caras... y me marcho antes de tener peleas.
Me falta el aire para rencillas submarinas.
Y cuando salgo del agua fresca a respirar una bocanada de aire oxigenado que me reviva y me de otra perspectiva... yo no quiero resignarme y quiero seguir buceando con los ojos abiertos.
Aunque sea despierto.