Te enseño mi vuelo para equivocar tu rumbo. Sígueme.

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Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Malos sueños

Cuando me desvelo en medio de la noche me gusta mirar por la ventana a la calle vacía y ver las luces de los semáforos que brillan muy elegantes. Los coches no circulan y están abatidos en filas, adormilados y ausentes, y me parecen como grandes cucarachas americanas o africanas, me dan un poco de miedo. De la avenida solitaria se desprende una bruma que parece que sale del subsuelo, casi imperceptible, que se va elevando y se desperdiga por los portales y busca ventanas mal cerradas y portillos abiertos. 
Yo se que son los malos sueños, las pesadillas que buscan acomodo en nuestro cuerpo. Son los malos humores que intentan asaltarnos aprovechando la noche para infectar nuestro descanso. Me escondo detrás de los visillos y me quedo observando esa bruma silenciosa y traicionera que produce desasosiego, angustia, a veces terror... y que convierte un pacífico sueño en una interminable tortura. Yo le he padecido algunas veces y al despertar estaba confuso, irritable, cansado, asustado...
Y pienso que el antídoto de estos sueños viciados debe ser el buen humor -que me lo imagino casi transparente y algo fluido-, la confianza, la serenidad de ánimo, la aceptación de nosotros mismos y de nuestras limitaciones y de nuestras circunstancias vitales... lo cual no es fácil, no.
Pero cuando vuelvo a mi cama me armo de valor y dejo abierto un resquicio en la ventana para no tener miedo al miedo.
Y duermo a pierna suelta soñando con los angelitos.
Casi siempre...