Te enseño mi vuelo para equivocar tu rumbo. Sígueme.

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Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Susurros

La palabra en sí no suena bien dicha en voz alta. Pero susurrar las palabras ya demuestran su intención. Un susurro tiene intenciones secretas, eróticas casi siempre o amenazadoras a veces, pero inquietantes. La persona que susurra pretende llegar al centro de nuestras pasiones y obsesiones. Nos conmueve con el viento de su voz en el ala de la oreja y su efecto inmediato en las entretelas del alma. Es un soplo de aire cálido que va directo al cerebro sin que se entere nadie. Un envite a cometer pecados veniales. Una tentación a amar y ser amados de mil formas diferentes.

Un susurro cambia de color mil veces en un segundo y de sabor y de olor antes de que sea dicho. Se difumina en nuestra piel como un maquillaje perfecto. Se absorbe y nos nutre de deseos. El susurro no se oye, se siente; no se entiende, se digiere.

El acto de susurrar es en sí mismo poético. Implica complicidad y a la vez desconocimiento mutuo. Es un deseo de ser escuchado ocultando nuestra cara para que se oiga nuestra verdad más profunda sin intermediarios. Sin miedos. Sin reproches. En calma y sosiego. Lo dicho susurrando debe ser respetado.

Aunque no sepamos lo que signifique.