Te enseño mi vuelo para equivocar tu rumbo. Sígueme.

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Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Ojos cerrados

Cerrar los ojos es a veces vivir la realidad. Es abandonarnos  a nosotros mismos para que nuestro Yo interior - La Verdad- se convierta en protagonista de la película de nuestra vida. 
Yo no solo cierro los ojos para no ver, sino para Ver... para verte.
En la soledad de la no luz de mis ojos cerrados puedo iluminarlo todo. Tengo millones de kilovatios de potencia de energía lumínica que alumbran cada centímetro de tu piel. Cada poro de tu cuerpo. Cada arruga de tu cara. Cada peca de tu cuerpo. Cada rincón de tu alma. Cada duda de tu corazón. Cada ansiedad que te atormenta. Cada suspiro. Cada lágrima no derramada. Cada deseo escondido entre tus sábanas.
Te veo.
Con los ojos cerrados.
Y sigo durmiendo solo entre grandes almohadas que van dejando huella en mi piel. Me dejan el asombro del dibujo de los bordados como arrugas de plastilina que me descubro grabado en mi piel por la mañanas.
Y dejo mi sudor y mi olor a hombre solo guardado entre las sábanas blancas.
Como un tesoro.
Para ti.

Soledad y silencio

De desviaciones de la realidad se fabrican muchos miedos absurdos.
Por la imposible obsesión de querer adelantarnos al paso del impertubable tictac del reloj nos invide la angustia y la desesperanza. A veces queremos acelerar el fluir del tiempo acelerando nuestro corazón como si este fuera el motor de los minutos y las horas. Pero cada gota de agua y cada grano de arena y cada soplo de brisa tienen su identidad, su tiempo, su ser. Nada será y ninguna cosa dejará de ser sino es a su debido tiempo.
Otra circunstancia que modula apariencias y voluntades es la terrible apreciación de nuestra absoluta unidad. Somos únicos. Impertubablemente únicos. Yo noy tu, yo no soy el reflejo de luz que se crea en tu retina, ni soy la voz que llega a tus tímpanos, ni soy el olor que tu hueles, ni el tacto de tus manos en mi piel... soy otra persona diferente a la que solo puedes llegar a comprender despojandome de todas mis cualidades físicas: soy y seré un concepto, una abstracción.
Soy mas alma que cuerpo, luz que imagen, sonido que voz, aroma que olor, recuerdo que presencia...
Y ahora que usamos el silencio para decirnos tantas cosas es cuando mejor te comprendo.
Ahora es cuando oigo tu llanto sin lágrimas, oigo tus dudas y tus lamentos, oigo tu pasar como oigo la llama de una vela cuando se apaga y cesa de decir poesias.
El silencio que compartimos es mas silencio que la muerte. Es silencio de reproches que se han dicho, de fosas cavadas humedas y vacias, silencio rotundo y sepulcral que espera sonriente con su gran boca devoradora que voluntariamente ocupemos nuestro lugar en la tumba antes de morir.
Silencio sin sentido para mi.
Soledad.