Te enseño mi vuelo para equivocar tu rumbo. Sígueme.

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Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Problable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mudo. Ronco a compás de Martinete.

Matar al mensajero

Matemos al mensajero y podremos depositar su cadaver ante la puerta de nuestros enemigos. 
Un camino que habremos de hacer con un cadáver lleno de malas noticias, sin féretro ni ataúd que las pueda ocultar. 
Malos augurios lloviznan nuestras ropas.
No nos bastarán todas las flores que arranquemos por el camino para disimular el olor a podrido de nuestros infame acto criminal.
Ni siquiera a la puesta de sol se difuminara nuestro rictus de terror irracional que adquiere la cara de quien quitó la vida a un inocente. 
La noche no calla. 
La tiniebla aúlla dentro de nosotros como un lobo solitario que nos recuerda - acúfeno sórdido - que ha sucedido. 
Una lechuza blanca nos hipnotiza al pasar y nos obliga a recordar nuestra verdad. 
La única verdad. 
El miedo.

Suposiciones.

Supongo que aquellas flores que un día corté con tanto amor siguen frescas en tu corazón y conservan el olor que perfuma aun tu pelo y tu piel.
Supongo que los versos que tan enamorado escribí en la servilleta de aquel nuestro bar y que escondí entre tus papeles los conservarás como un tesoro.
Supongo que las cartas de amor casi diarias de aquel verano tan largo, pastoso y tan lejano, las leerás de vez en cuando con lágrimas en los ojos.
Supongo que las viejas fotos de mi ñiñez y adolescencia las conservas bien guardadas con tus secretos personales.
Supongo que de vez en cuando piensas en mi igual que yo ahora te recuerdo y te escribo estas palabras.
Supongo...
Porque la verdad es que nunca hablamos de esas cosas.