Te enseño mi vuelo para equivocar tu rumbo. Sígueme.

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Licenciado en Medicina y Cirugía. Frustrado Alquimista. Probable Metafísico. El que mejor canta los fandangos muy malamente del mundo. Ronco a compás de Martinete.

Soledad y silencio

De desviaciones de la realidad se fabrican muchos miedos absurdos.
Por la imposible obsesión de querer adelantarnos al paso del impertubable tictac del reloj nos invide la angustia y la desesperanza. A veces queremos acelerar el fluir del tiempo acelerando nuestro corazón como si este fuera el motor de los minutos y las horas. Pero cada gota de agua y cada grano de arena y cada soplo de brisa tienen su identidad, su tiempo, su ser. Nada será y ninguna cosa dejará de ser sino es a su debido tiempo.
Otra circunstancia que modula apariencias y voluntades es la terrible apreciación de nuestra absoluta unidad. Somos únicos. Impertubablemente únicos. Yo noy tu, yo no soy el reflejo de luz que se crea en tu retina, ni soy la voz que llega a tus tímpanos, ni soy el olor que tu hueles, ni el tacto de tus manos en mi piel... soy otra persona diferente a la que solo puedes llegar a comprender despojandome de todas mis cualidades físicas: soy y seré un concepto, una abstracción.
Soy mas alma que cuerpo, luz que imagen, sonido que voz, aroma que olor, recuerdo que presencia...
Y ahora que usamos el silencio para decirnos tantas cosas es cuando mejor te comprendo.
Ahora es cuando oigo tu llanto sin lágrimas, oigo tus dudas y tus lamentos, oigo tu pasar como oigo la llama de una vela cuando se apaga y cesa de decir poesias.
El silencio que compartimos es mas silencio que la muerte. Es silencio de reproches que se han dicho, de fosas cavadas humedas y vacias, silencio rotundo y sepulcral que espera sonriente con su gran boca devoradora que voluntariamente ocupemos nuestro lugar en la tumba antes de morir.
Silencio sin sentido para mi.
Soledad.

Ahora soy yo

Sería la tenebrosa oscuridad ladrona de luces y colores y de puntos de apoyo o sería la ausencia de voces amigas y confortables pero empecé a tener miedo demasiado pronto.
A veces la diplopia y los fantasmas mareantes me atacaban antes de dormir y no sabía que me pasaba, tan solo me aferraba a la luz del pasillo y a las voces y ruidos de la cocina.
Dormía con un ojo cerrado y otro abierto para vigilar la luz.
Mala antorcha la oscuridad. Mala compañera la soledad.
Después vino el terremoto que me dejó en herencia mas temor a las noches y a dormir para no despertar. Quizá entonces hasta los ruidos se convirtieron en una amenaza para mi. 
Estando un día en el recreo del colegio pasó un avión algo mas ruidoso de la cuenta y tuve una crisis de angustia pensando que estábamos en guerra y al momento llegarían las bombas.
Otro día estando castigado en el estudio de las siete de la tarde oí la sirena de los bomberos y comencé a temblar convencido que mi casa estaba en llamas. Salí corriendo y no paré hasta comprobar que todo estaba bien, sin fuego.
Y huí de los espacios cerrados como ascensores y sótanos.
Y evité las aglomeraciones de personas y cosas.
Era tan frágil que necesitaba siempre dominar la puerta de escape.
Pero tampoco sabía estar solo en grandes espacios abiertos.
Ni muy alejado de mi casa y de mi gente.
Hasta en las excursiones de fin de semana con los Montañeros lo pasaba mal y no disfrutaba como mis compañeros.
Y los curas se encargaron de alimentar otras clases de miedos espirituales y remordimientos diarios que estuvieron a punto de tumbarme.
Miedo a la oscuridad, a los ruidos, a la soledad, a estar encerrado, a viajar, a los aviones a lo desconocido...
Pero supe sobrevivir.
E incluso pude sobrellevar la terrorífica hipocondria de todas y cada una de las enfermedades mortales que padecí en mis años de estudiante de medicina.
No me quiero ni acordar.
Pero aquí estoy.
Y os aseguro que no fue por falta de cariño como cierta vez me insinuó un siquiatra cuando tuve ataques de angustia...
Ahora soy yo, muchos años después de ser aquel joven miedoso y estrafalario a quien tanto quiero y a quien tanto le debo.
Ya no tengo miedo.
Ahora soy yo.

Mi Destino

Revolotea un águila negra o quizá un cuervo en una térmica sobre mi cabeza. Se que me observa y me estudia, que cuenta mis pasos y sopesa mis bolsillos. Tiene paciencia y sabe mantenerse flotando en le aire sin apenas mover las alas. Debo dormir a cubierto en cuevas frías hasta llegar a mi destino. Debo entregarme a mi mismo como ofrenda a las diosas materialistas. Yo soy el cordero de ese dios pagano que rige los destinos del mundo. Yo soy yo y todo lo que ustedes quieran de mi. Yo tengo, luego existo.
Pero no puedo dudar en las encrucijadas del largo camino, si lo hago me perderé. No dudo porque mi destino -mi fin- curiosamente me viene dado por el vuelo rapaz de mi vigía, que sin darse cuenta me va marcando cual es el sendero que no debo seguir... el sendero que me llevaría al desfiladero, a las cataratas, al barranco pedregoso, al territorio de las hienas y de los buitres...
Y por eso
Sigo a la intuición que emana de mi corazón.
Sigo al calor de los cuerpos que me quieren.
Sigo al amor que me queda dentro.
Sigo al dolor purificador.
Sigo a mi soledad.
Sigo al mismo temor que me oprime la razón.
Creo que es el miedo a lo desconocido el que guía mis pasos y el que me acerca al fin del sufrimiento.
Esa es mi brújula.
Ese mi destino.

Piensalo.

Hoy (ahora) quizás tenga ganas de hacerme una sangría de mis azules venas para regalarte un mensaje que no puedas olvidar...  o quizás tenga ganas, (quizás) de someterme aun transplante de cerebro pero contigo mismo, sin anestesia, solo por el placer de sentir la gloria de tener un cerebro nuevo, aunque sea prestado y pensar con otras neuronas a ver si siento lo mismo que siento ahora.
Convertirme en un Frankenstein cerebral, en un usurpador del cerebro de quien yo quiera y pensar con sus pensamientos y tener sus recuerdos y sus ambiciones y que tus secretos mas profundos sean mis absolutas certezas.
Entonces, después de estremecerme, yo podré devolverte tu cerebro que ya no será completamente tuyo sino que tendrá algo de tu bioquímica y de mi locura. Algo de nosotros.
Eso sucederá si vuelvo a soñar contigo. 
Piénsalo.

Defensa.

El Hombre ha entrado en la etapa del Miedo. No vemos más allá de las noticias. Nos quedamos expuestos como títeres a los deseos - a ser hipnotizados- por los magos de las Santa Comunicación. Y todo es Miedo y Tragedia y Muerte... el Horror, el Horror...
Aunque creamos que el Horror se encuentra detrás de la pantalla de plasma y lo escondemos con cambiar el canal, aunque miremos disimulados en dirección contraria sin cruzar los ojos con la Tragedia cotidiana de nuestros vecinos, cadáveres que deambulan como zombis por las calles muchos de ellos con flores en la solapa camino del baile y los clarines, otros con ropones de funcionarios públicos domesticados por las urnas y las falacias, no podemos dejar de impregnarnos con el tufo a pavor y adrenalina que exhalan los cuerpos rezumando miedos y ansiedades.
Y es que la Realidad es tozuda y tiene maneras de furcia: no es posible siquiera vestirla de seda. Una muerte es una muerte ya sea en Africa, Siria o en Tomelloso. Es la Muerte. Un niño es un niño en el mundo entero. Un asesino no es distinto de otro por el color de su piel, su raza, su religión, sus uniformes o sus dineros. Una mierda es una mierda aunque le pongamos colonia y la envolvamos en papel de seda.
Y mientras suenan los petardos y las tracas, los tambores de júbilo y las palmas a compás.
El Cerebro se tiene que defender de alguna manera.
¿Es justo?

Las nanas trágicas

Me gusta que me cuenten cuentos antes de dormir, ya estoy embozado y calentito con mi esquijama dentro de la cama-mueble o del sofá-cama con su raja enmedio donde meto las manos y los pies con los calcetines que se quedan atrapados, mientras mi tata tararea antiguas nanas de juanito subio a valla por ver si venía el tren y el tren que venía pitando juanito se dió al caer cuando el maquinista vió la vía llena de sangre fue corriendo al hospital a llamar al señor alcaide... que esas eran las coplas que yo escuchaba antes de dormirme, nanas de tragedias y sangre y el cancón y la cancona, y manuela se paseaba por una acerita alante pero llego su novio o su marido con un ataque de celos y le pegó unas cuantas puñaladas que la dejó seca en el acto... eso cantaba mi tata mientras mecía la silla con un tac tac como de reloj de madera y yo abría los ojos y sabía que estaba allí sentada y veía la puerta entreabierta y la luz del pasillo al fondo y a veces escuchaba las voces amigas de mis padres en su cuarto y entonces me relajaba y me dormía tan tranquilo hasta que me despertaban a media noche para hacer pipi en una escupidera de plástico y algunas veces me entraba miedo de la oscuridad y tenía mi tata que volver a cantarme las coplas de amor y muerte y tragedias con las que yo me volvía a dormir y a soñar Dios sabe con qué.

¿Donde los Hombres?

Antes de morir todos debemos tener un instante temporal eterno de recapitulación.
Un si pero no estoy vivo y que me muero ya mismito y tengo que dejar por una vez en mi puta vida vida que mi cerebro piense en lo que le de la gana.
Y mi absurdo cerebro de ser viviente de "vivo sin vivir en mi y tan alta vida espero que muero porque no muero", en ese segundo último tendrá lucidez de agonía y verá lo que le espera.
Entonces como ya el tiempo no existe y solo somos nosotros y nuestros  recuerdos -cerebros-  podemos repasar una y mil veces cada segundo de nuestra existencia... llamemosle vida, o llamemosle muerte.
Hasta los ángeles mas bonitos de los catecismos más antiguos se asombrarán de nuestros pecados más veniales.
Y nuestro Juez Supremo  -benévolo- perdonará nuestros olvidos y faltas, nuestras grandes y pecaminosas ofensas a Dios de Palabra, Obra u Omisión. Es el Redentor.
Yo he olvidado tanto mal que he hecho... Pero no he olvidado el Mal que he visto hacer a los demás. No puedo olvidarlo.
No se si peco por el mal que hago inconsciente o por no evitar conscientemente el mal que me rodea, el absurdo mal ajeno... que lo veo ante mis ojos y me callo y miro al otro lado...
Yo soy un absurdo cero a la izquierda en las cuentas del Bien y del Mal.
¿Donde los Santos?
¿Donde los Papas?
¿Donde los Angeles?
¿Donde los Justos?
¿Donde los Curas?
¿Donde los Hombres?